La paradoja del proceso creativo

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Fa més d’un any, quan començàvem a compondre amb magam, surgien les idees, però també dubtes, qüestions que quedaven a l’aire, diferents opinios sobre les coses… en definitiva: la paradoxa del procés creatiu, que recuperem del nostre antic blog perquè (per sort) encara segueix vigent.

 

Cuando imaginas un tema, una música, comienzas a tocar unos acordes… “¡ya está, ya lo tengo! -iré por aquí, por allá…”. Como en la vida, una hace sus planes, tiene unas expectativas, un plan aparentemente perfecto para que esas semillas que has plantado crezcan como tú quieres.

Ahí es cuando te atascas; pueden pasar días, semanas, ¡meses! sin que vuelvas a acercarte a esa música… simplemente, te quedas en blanco.

En blanco, tal cual. No te sale, o lo que te sale no te gusta, que para el caso es lo mismo. “Es que yo quiero una rosa roja. Punto”. Pues no funciona.

Ni funcionará si sigues acercándote a la música desde el mismo punto, porque componer no se hace desde ahí (o al menos desde donde componemos nosotras), sino desde otro sitio que no manejas, que no controlas y que, aparentemente, no te gusta (porque no es igual que tu plan). Es una lucha constante con una parte del “yo” que se empeña en querer dominar, ser reconocida, tener éxito… Ve despidiéndote, así no te va a salir nada.

Después de algo más de un año componiendo (algo menos compartiéndolo) este rifirrafe sigue igual, cada vez son los mismos personajes que dialogan -o se gritan, como en las “tertulias” de la tele. Haz esto, haz lo otro, prueba algo diferente…

-Espera: ¿algo diferente? Pero YO no lo había pensado así…

-¿Y qué más da? Lo puedes probar igual, ¿no?

-Pero no me gusta…

-¿Lo has escuchado?

-…no…

Ahora hay dos opciones (siempre las ha habido, pero sólo te das cuenta en este momento, después de semanas de obcecarte en lo mismo):

  1. Seguir como hasta aquí, que nos lleva a más semanas de secano.
  2. Abrirte a que las cosas pueden ser de otra manera que ni siquiera te habías planteado.

-Ah… pero eso quiere decir…

-¡Exacto! ¡Que eligiendo la segunda opción las posibilidades se multiplican hasta el infinito!

-Pero…

-¿Qué importa que no sea como tú quieres?

RENDICIÓN. Ahí está la clave.

En cualquier caso y pase lo que pase, lo más paradójico es que, aunque sea TU proceso creativo, LA MÚSICA NO ES TUYA, sino que fluye a través de ti. No somos autoras, somos un cable que une. Aceptando, dejando fluir las ideas, disfrutando del hecho de que la semilla no era de rosa roja, sino de un geranio precioso que ahora te acompaña cada día desde el balcón.

Vega Montero

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